Mis Relatos, poemas y fotos van de la mano...a veces surgen las letras primero y busco imágenes en mi archivo o en la vida que me rodea...
miércoles, 11 de marzo de 2015
ERASE UNA VEZ
Mordiscos y besos
bajo el texu.
El gato y su brazo.
En su mente
algún cuento.
Erase una vez...
ha sido.
un encantamiento
Este.
Cuando la alfombra
tocó una nube
pidió tres deseos
uno de ellos
"que no sea un sueño".
lunes, 9 de marzo de 2015
domingo, 1 de marzo de 2015
VACÍO
Vacío en sus pies,
en vuelos los olvida en el balcón.
La acera recuerda sus pasos,
el ascensor encierra su miedo,
el vaho del cristal de la ventana
esconde la última huella.
Inicia el vuelo
Sin pies.
Sin miedo.
Sin huellas.
viernes, 27 de febrero de 2015
Surgió el texto que presenta mi nombre en un taller de Sofía Castañón. La fotografía maravillosa de Sara Matilla en el Botánico.
ANA
Desde niña quiso atesorar letras del abecedario y consiguió alcanzar dos de ellas con un cazamariposas que algún año le habían traído los Reyes. Estaba convencida de que se habían equivocado de casa, nunca lo había pedido en las cartas. Guardó con mimo las letras, la "n" de nada pero también de nueva y la "a" de ausencia pero también de alegría y buscó esa A repetida, mayúscula, una primera letra que nunca conseguía, como tantos cromos ansiados de sus colecciones de niña.
sábado, 7 de febrero de 2015
miércoles, 28 de enero de 2015
Una foto de Germán García hizo surgir el poema, estrenando este 2015 con una foto cedida que cada vez que la miro me gusta más.
LA CURVA
La curva se llena
de futuros
e infinitos pasados.
Espera inviernos,
el arcén desaparece
coleccionando sombras
en el vértigo de una carrera
sin fin ni principio.
Ana Elías.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
MAÑANAS DE DOMINGO
Las bicicletas dormían la siesta apoyadas en el viejo pozo.La de abuelo, de hierro, pesada, que aún él levantaba sin problema para colocarla en la baca del coche. La del padre, ligera y cara pero siempre demasiado limpia. Y la de Pablo, el niño, con pegatinas de sus dibujos animados preferidos hasta en el sillín.
Esperaban una excursión que se repetía todos los fines de semana desde que le quitaron las ruedas de apoyo a Pablo, que a sus cinco años disfrutaba de ese paseo con su abuelo y su padre, vestidos los tres con los maillots que les habían traído los Reyes. Así, domingo tras domingo, el padre dejaba de ser un sonido al otro lado del teléfono y chocaba la mano con él montado ya en la bici que guardaba entonces el equilibrio a duras penas mientras seguía la rueda del abuelo que se rezagaba esperándole fingiendo estar cansado.
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